KAIRO

SISTEMA 01

La web, las reservas y la carta del día en una sola pieza

Chiringuito Salas · Restaurante mediterráneo · San Juan de los Terreros, Almería

La portada de la web del restaurante, en cuatro idiomas: el menú, el titular, el subtítulo y los dos botones cambian a la vez.

En español: Siente el sabor del Mediterráneo.

En inglés: Taste the flavour of the Mediterranean.

En alemán: Erleben Sie den Geschmack des Mittelmeers.

En francés: Savourez le goût de la Méditerranée.

La pieza avanza al deslizar: al bajar la portada cambia de idioma, del español al francés, y al subir vuelve.

EL ENCARGO

Un restaurante de costa donde buena parte de la clientela es extranjera y llega en temporada, con una web que no contaba casi nada y unas reservas que entraban por un programa alquilado que el dueño no controlaba. Las sugerencias del día se escribían a mano y no llegaban a internet. Cada pregunta de horario, de carta o de mesa libre se contestaba a mano, en temporada alta, en plena faena.

QUÉ SE CONSTRUYÓ

LA WEB Y EL ASISTENTE

Una web propia en cuatro idiomas, con su dominio, y un asistente que responde leyendo la carta, el horario y las sugerencias tal y como están en ese momento. No hay una copia del menú en ningún sitio: lee lo mismo que ve el cliente. El QR de las mesas lleva directo a la carta, así que quien está sentado consulta los platos y los alérgenos sin llamar a nadie.

EL MOTOR DE RESERVAS

Sustituye al programa alquilado. Una reserva entra, el sistema comprueba el turno, el aforo, la antelación y si ese teléfono ya tiene mesa, y se confirma sola o espera al dueño. Cuando no puede aceptarla, explica por qué en el idioma en que se pidió: hay trece motivos distintos y ninguno dice «error».

EL CANAL DEL DUEÑO

Un canal aparte, solo para él, donde escribe como hablaría. Abre y cierra reservas de un día o de una franja, fija el aforo de cada turno, marca un plato agotado, cambia el horario. Y para las sugerencias del día no escribe nada: manda una foto del folio y quedan publicadas en los cuatro idiomas.

El canal, mensaje a mensaje: tres peticiones y lo que el sistema hace con cada una.

Enviado, 11:27: Ya no quedan croquetas

Recibido, 11:27: Plato "Mix de croquetas" actualizado — disponible: no.

Enviado, 11:29: El tomate a 2'30 de Frutas García

Recibido, 11:29: Producto nuevo: «tomate» · Proveedor: «Frutas García» · 2.3 € ¿En qué categoría lo guardo? (lácteos, carnes, lonja...) — o dime «no» para descartar.

Enviado, 11:29: Categoría frutas

Recibido, 11:29: tomate (categoría frutas) Frutas García → 2.3 €

Enviado, 11:30: Pon el tope a 30

Recibido, 11:30: ¿El tope de día o el de noche? Van por separado y no voy a cambiar los dos a la vez. No he tocado nada. Copia la frase que quieras: pon el tope de día a 30 pon el tope de noche a 30

Enviado, 11:30: Pon el tope de dia a 30

Recibido, 11:30: Tope actualizado. Día: 30 pax · Noche: 100 pax.

Antes de cada respuesta, el canal escribe «Un momento...». La pieza avanza al deslizar: al bajar llegan las peticiones y sus respuestas, y al subir vuelven.

LO QUE VE EN SU MÓVIL

Dos paneles que se instalan como aplicación. Uno enseña las reservas del día partidas por turno, con la gente que suma cada uno. El otro compara lo que cuesta cada producto en cada proveedor, para saber a quién comprar sin buscar el último albarán.

LOS PRECIOS DE SUS PROVEEDORES

Manda la foto de un albarán o de una factura y de ahí salen los precios, producto a producto y proveedor a proveedor, con su fecha. De la foto solo se copia lo que pone; las cuentas las hace el servidor. El precio real es lo pagado dividido entre lo comprado, no el unitario impreso, y cuando no puede saberlo, lo dice. Antes de guardar nada, el dueño confirma dos veces: qué líneas y de qué categoría. Ningún precio sustituye a otro: el de hoy no borra el de hace seis meses, y el panel avisa cuando compara precios demasiado separados en el tiempo para compararlos de verdad. Tampoco se fía de su propia lectura: si un precio leído es imposible en la carta de un restaurante, da la foto por dudosa aunque la lectura diga lo contrario. Le dice lo que paga y quién está más barato. Lo que haga con eso es suyo.

QUÉ CAMBIÓ

El asistente atiende a los clientes en cuatro idiomas y contesta con la carta, el horario y las sugerencias tal y como están puestos en ese momento. Nadie tiene que actualizarlo a mano ni recordar hacerlo. Las reservas entran por su propia web, no por un programa alquilado, y llegan confirmadas por correo.

UNA DECISIÓN

Durante las pruebas, el modelo de lenguaje le dijo al dueño que escribiera una frase concreta para abrir las reservas de un día. Esa frase el sistema no la aceptaba. El modelo no se equivocó ejecutando: se equivocó enseñando a usar el sistema. Antes ya había afirmado haber borrado unas sugerencias que en realidad no se habían tocado, y más tarde confirmó un cambio en un plato que no existe.

De ahí sale la regla que gobierna todo el proyecto: un modelo redacta, nunca decide ni confirma. Lo que se guarda lo decide el servidor con reglas fijas, y la frase que confirma que algo se ha guardado la escribe el servidor palabra por palabra. Si algo no se entiende, se dice que no se ha entendido; nunca se improvisa una respuesta que suene bien.

LO QUE SIGUE ABIERTO

El canal del dueño funciona hoy sobre un número de pruebas. Su número de WhatsApp propio está comprado y el permiso para enviar desde él sigue en revisión; hasta que llegue, todo pasa por el de pruebas.

Y hay algo que no se cierra nunca del todo: cada forma nueva de pedir una cosa que el sistema no reconoce es una frase más que enseñarle. El dueño dicta en vez de teclear, así que el trabajo sigue siendo leer sus mensajes de verdad, no los que imaginamos.

EMPEZAR

El dueño no pidió un asistente. Pidió dejar de contestar en plena faena.

Si en tu negocio se contesta a mano lo que podría contestarse solo, es el mismo punto de partida.

  • 01
    Escríbeme el problema.Escribir ahora
  • 02
    Pregúntale al agente.

Respondo en uno o dos días laborables.